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11 de Diciembre de 2007

Con Nguillatun las comunidades de Tirúa Norte celebran ley que crea el Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios

Su satisfacción por la reciente aprobación de la ley que crea el Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios (ECMPO) han expresado desde diversos puntos del lafkenmapu las comunidades mapuche del borde costero.

El 7 y 8 de diciembre se realizó en Tirúa Norte un Nguillatun para celebrar este importante momento para el pueblo mapuche. Después de 100 años, las comunidades del sector se reunieron en esta ceremonia. Iván Carilao, dirigente lafkenche de Tirúa, relata este trascendental momento.

Eran las 3 de la madrugada del día 6 de diciembre y un grupo de personas mayores y jóvenes de las comunidades de Esteban Yevilao de Choque, Segundo Yevilao de Ranquilhue Chico, Kellgco de San Ramón, se dirigen a la comunidad Juanico Antinao, con el objetivo de hablar con la machi e invitarla a dirigir el Nguillatun que las comunidades del sector de Tirúa norte pretenden realizar en el lafkenmapu después de 100 años. Es un desafío que este grupo de mayores había tomado y que el paso a dar - después de tanto tiempo- tenía un importantísimo valor, puesto que  con este acto se celebraría la ley que devuelve derechos sobre el mar a las comunidades.

Después, de larga horas de conversa (Weupin), los comisionados reciben la aceptación positiva de la machi y las instrucciones de cómo debe organizarse esta actividad. La llovizna de ese día, el cantar de los gallos, y los rayos del sol, indican que ya van a ser las ocho de la mañana y el  grupo de personas comienza su retorno a sus comunidades a entregar las instrucciones necesarias para da  cumplimiento a la labor encomendada… Queda poco tiempo, por tanto hay que apurar los preparativos, distribuir las tareas y, a través de la radio comunitaria local, anunciar la noticia.

Así, con todo el despliegue de cada comunidad, a las 16 horas del día 7 diciembre, todo estaba listo para dar inicio a la ceremonia esa misma tarde. Ramadas, rehue, ampe, leña, todo ello está dispuesto a sólo metros del lafken, entre pajonales
 de nalcas y arena.

Había  inquietud entre los organizadores ante la petición de la machi de llegar lo más temprano posible. Muchos iban a llegar de madrugada, no obstante los anuncios a través de la radio invitaban a llegar durante la tarde.

La hora avanza y el sol anuncia que falta poco y entre  los senderos de arena se visualiza que llegan las primeras personas, unas en vehículos y otras caminando. Todos van tomando ubicación alrededor de las ramadas que  están ubicadas alrededor del rehue. Lentamente se congregan las familias instalando sus fogatas y los utensilios que  permitirán preparar y compartir la comida.

Con unas horas de retraso, que ya se habían anunciado en el momento de inicio a la ceremonia. Todos se agrupan el sonar del Kultrun, y fifilcas, trutrucas y afafan indican que después de muchos años se estaba dando inicio a una  actividad que muchos de nuestros abuelos habían realizado históricamente.

Estábamos en el centro del territorio del Lleu- lleu, donde muchas familias recordarían que en esos lugares “se sacaban machas a puro talón…”, “hacíamos maguento” (machas secas) decía una lamguen, “por aquí dormíamos cuando veníamos a trabajar”, decían otras familias. La noche avanzaba y entre los matorrales se divisaba la llegada de más personas, todas ellas continuaban instalando sus pertenencias en los espacios que estaban dispuestos y entre la oscuridad se veían personas que habían llegado de las comunidades de Curapaillaco, Cura, Tranaquepe, Choque, Ranquilhue Grande, Miquihue, San Ramón, Ranquilhue Chico, Lorcura, todos ellos entusiasmados en recibir los consejos de nuestra guía espiritual.

Corre la noche y el ruido de las olas del mar se confunden con el trance de espíritus de la machi, todos en silencio acogen los consejos…entre ello la instrucción de hacer un Nguillatun de madrugada en la playa misma, a las 4 de la  mañana, había que descansar unas horas y que preparar todo, pero hay tiempo para compartir tomar mate y bailar .

La hora avanza y nuevamente el Kul-kul suena. “Hay que ir  al mar”, se escucha a lo lejos …una columna de mujeres, niños, hombres y jóvenes montados en sus caballos avanzan al borde , allí se instala la columna de personas frente a frente se entregan las ofrendas y el mar brama como toro embravecido, allí estaban sus hermanos que los habían dejado solo…y hoy se reencontraban… nuestros gritos de fuerza se unían, no hay expresión oral para graficar aquel momento histórico, la  ley de pesca del año 1992 nos había enajenado y hoy los mapuche del territorio podían mirar nuevamente el mar como suyo y como siempre tuvo que ser.

Llega el día y con la claridad se puede observar cuantas personas habían llegado, unas 300 personas estaban compartiendo, cruzándose con platos de carne, sopaipillas y mote, todos muy contentos por el día cálido y con una brisa que sólo ambientaba lo caluroso del lugar. Los niños y jóvenes se veían descascarando nalcas en este día distinto.

El avance del sol indica que se acerca la ceremonia final, las ollas de comidas sentadas en las fogatas esperan. Estamos todos reunidos nuevamente escuchando la despedida, se entregan las últimas indicaciones, se ven rostros felices, se comparte la comida, la música sigue y todos los presentes bailan. Nadie quiere moverse del lugar.

El sonido del kultrún se interrumpe, pero vuelve el ritmo de choike y mazatun… Eran las 4 de la tarde y todo comenzaba a terminar, todos sabían que tenían que volver a sus hogares, pero nadie quería hacerlo. Había sido una jornada exitosa de unidad y de alegría, y eso era mérito suficiente para no querer moverse. “Esto hay que repetirlo”, decían los más ancianos. “Esto es el inicio de algo que nunca se debió perder y dejar de hacer”, comentaban los mayores que se habían juntado para llevar a cabo esta actividad. La tarea queda para los jóvenes, las nuevas generaciones que vienen, y no tienen que perder esto, fue la conclusión.